"Todas Somos Luciérnagas"

El bosque, de noche, no es un templo de silencio absoluto, sino un tapiz sonoro, donde cada criatura tiene voz y vibración propia. Entre el reconfortante susurro de los sauces y el crujir rítmico de la corteza, emerge un sonido constante, monótono y, en ocasiones, ensordecedor: el eterno cri-cri del grillo.
Para nosotras, las criaturas que habitamos este vasto bosque, es fácil identificarnos entre nosotras porque nos reconocemos por nuestra luz interna, pero ese chirrido que a veces lastima nuestras antenas, ese sonido, es más que una melodía de fondo. Es la personificación de la crítica externa, una red de palabras y opiniones que intentan dar forma, o peor aún, apagar nuestro brillo sagrado. A veces, este canto nos hace detenernos en seco, confundiendo su ruido con nuestra propia verdad. ¿Y si este canto no es una guía, sino un enredo?
No todos los grillos cantan la misma melodía. En este universo, hemos aprendido a distinguir tres tipos de vibración crítica, cada una con un propósito...
El Chirrido Afilado de la Envidia: Imagina un grillo cuyo canto es una aguja de sonido. No chirría para advertir de un depredador o una rama rota; chirría para herir, para sembrar la duda en tu propio brillo. Esta es la crítica que nace de aquellos atrapados en la tierra, que no conocen la libertad del vuelo ni la responsabilidad de su propio resplandor. Son grillos que, desde la sombra, envidian la autenticidad de tu vuelo hacia las copas más altas. Su canto suena a: "¿De verdad crees que ese color es el correcto?" o "¿Por qué siempre quieres volar tan alto y brillar tanto?" Es una vibración que busca disminuirte para que quedes en sus propios límites terrestres, un veneno acústico que adormece tus alas.
El Zumbido Genérico de "lo que se Espera": Luego está el zumbido constante, una tonada de sonidos monótonos. Es el murmullo de las expectativas ajenas, los consejos no solicitados, las tradiciones inerciales y las opiniones vacías. "Siempre lo hemos hecho así", "Las luciérnagas de bien se quedan en esta rama", o "Tu vuelo es demasiado impetuoso". No es malintencionado, pero es un ruido que confunde, una niebla que te impide ver tu propio camino. Es una melodía de fondo que intenta unificar todos los vuelos en una danza predecible robándote la identidad.
La Vibración Atenta: El Filtro de la Luz (La Crítica Constructiva): la existencia de un chirrido sagrado. Es raro, casi como un eclipse de luna, es la vibración de quien te observa con respeto, de quien reconoce tu luz como única y desea ayudarte a pulir sus aristas. Es un sonido que, aunque a veces sea agudo como una pequeña picadura, tiene el propósito de darte claridad. No te dice cómo volar, sino que te señala la rama para que no caigas.
Esta sinfonía de opiniones puede enredarse en la mente de una luciérnaga. Tu luz dorada y cálida puede parpadear con el peso de la duda. ¿Mi luz es demasiado brillante? ¿Mi ritmo de parpadeo estará mal? Los grillos en el suelo pueden hacer que la inmensidad del cielo se sienta prohibida e inadecuada. Este ruido puede hacernos detener nuestro vuelo, quedarnos en las ramas bajas escuchando el concierto de la mediocridad en lugar de alcanzar el firmamento. Nos convierte en prisioneras de lo que los demás perciben, limitando nuestra propia expresión.
No se trata de silenciar a todos los grillos del bosque. El secreto no está en cubrir nuestras antenas para no escuchar. El secreto está en nuestro propio brillo. Cada palabra, cada chirrido, cada opinión, debe pasar por el sagrado filtro del prisma de nuestro núcleo.
Cuando una vibración crítica es útil y amorosa, basada en la verdad, guárdala en tu memoria, intégrala y conviértela en un nuevo matiz para tu resplandor, pero cuando el chirrido es de envidia, de ignorancia o de simple ruido, chocará contra el filtro de tu confianza interna y rebotará, cayendo al suelo como una chispa oscura y sin poder. No es tuya. No te pertenece.
Así que, mi querida luciérnaga, no permitas que el ruido del bosque detenga tu danza. Reconoce los chirridos. Identifica la aguja del sonido que viene de la envidia. Desecha el zumbido monótono de lo genérico. Confía en las vibraciones que iluminan tu camino, no en las que lo oscurecen. Tu vuelo es tuyo. Tu resplandor es único. No permitas que un grillo que no tiene alas y vive anclado a la tierra defina tu relación con el cielo. Busca a tu red de luces, a tu constelación, y juntas iluminaremos el bosque con la única sinfonía que importa: la de nuestra propia autenticidad.
Vuela alto, vuela encendida. La noche es nuestro lienzo, y nuestra luz es la única verdad que importa.
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EL CANTO DEL GRILLO “El eco de la crítica”
Por: Meliza Sandoval │ Mell SLaure™ │ 12 abril, 2026
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