IRÁN EN TINIEBLAS, MASACRE SILENCIOSA

     ​#Teherán │ Lo que comenzó el pasado 28 de diciembre de 2025 como un estallido social por la crisis económica y el colapso de la moneda se ha transformado en 14 días de terror absoluto. Hoy, 11 de enero de 2026, Irán no solo arde, sino que se desangra en la oscuridad.

​Mientras el mundo sigue con su rutina, en las calles de Teherán, Karaj, Shiraz y más de 190 ciudades, se está ejecutando una limpieza sistemática de disidentes. Activistas locales y reportes filtrados desde el interior del país estiman que la cifra de asesinados ya supera las 3.000 personas. No son combatientes; son civiles, mujeres, estudiantes y niños desarmados que han sido recibidos con fuego real, perdigones de metal y disparos directos a los ojos por parte de las fuerzas de seguridad y los Basij.

Desde el 8 de enero, se impuso un "apagón digital" casi total, bloqueando no solo el internet móvil y fijo, sino también interfiriendo activamente en señales satelitales (incluyendo Starlink). La estrategia es clara y macabra: cortar la conexión para que el mundo no escuche sus gritos.

​"La gente muere en la oscuridad", reportan fuentes desde el interior que logran enviar mensajes esporádicos. Sin cámaras transmitiendo en vivo al exterior, la represión se ha vuelto una cacería sin testigos.

Ante la magnitud de esta tragedia, surge una pregunta inevitable y dolorosa: ¿Dónde están las organizaciones internacionales de derechos humanos?

​Si bien organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han emitido alertas documentando el uso de la fuerza letal, la respuesta global se siente tibia frente a la sangre derramada. Los comunicados de condena se acumulan en escritorios de la ONU mientras en las provincias de Lorestan y Kurdistán las morgues no dan abasto. ¿De qué sirven los observadores internacionales si no pueden detener una masacre en tiempo real? La comunidad internacional parece paralizada, observando —o peor aún, ignorando— cómo un gobierno abre fuego contra su propia población indefensa.

​Aunque los conteos confirmados por ONGs varían (reportando cientos de verificados), fuentes en el terreno y reportes de Iran International indican que tan solo en las últimas 48 horas se habrían producido más de 2,000 muertes, elevando el estimado total a más de 3,000 fallecidos desde el inicio de las protestas.

​Se reportan más de 10.000 arrestos arbitrarios; las cárceles están desbordadas y se teme por la vida de los detenidos; asimismo, hospitales en Teherán reportan estar colapsados, con médicos amenazados para no tratar a los manifestantes.

​Esto no es control de disturbios; es una violación flagrante y masiva de los derechos humanos. El silencio del mundo es ensordecedor y cada hora que pasa sin una intervención real, cientos de vidas inocentes se apagan bajo el manto de la censura digital.

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