"Todas Somos Luciérnagas"

    ​Mis queridas luciérnagas, hoy el bosque se siente distinto. Hoy hablaremos de un tipo de vuelo que no nace del simple deseo de aventura, sino de una necesidad imperiosa, casi biológica: el vuelo de la migración forzada por circunstancias equis.

​Hay una narrativa romántica allá afuera sobre "irse a probar suerte", pero quienes lo han vivido saben que, a veces, no es una elección libre, sino la última opción disponible cuando el propio hogar se vuelve inhóspito. ¿Qué sucede cuando el suelo en el que naciste ya no nutre tus raíces? ¿Qué pasa cuando el aire de tu propio bosque se vuelve tan denso que tu luz comienza a parpadear y amenaza con apagarse para siempre? O, cuando el Bosque mismo se apaga…

​Es un dolor sordo y profundo darte cuenta de que tu país, ese lugar que amas con sus colores, sabores, sobre todo, su gente, te ha dado la espalda y no por falta de talento o de ganas, porque tengo la certeza de que eres una luciérnaga capaz, inteligente, lista para iluminar, pero las puertas están cerradas con candados de crisis económicas, corrupción, falta de cupos educativos o salarios que no alcanzan para vivir con dignidad, mucho menos para soñar.

​Te das cuenta de que estás marchitándote. Tus hobbies quedan relegados porque la supervivencia consume toda tu energía; tu dinámica diaria se vuelve una carrera de obstáculos solo para mantenerte a flote y llegas a la triste conclusión de que, para salvar tu luz, debes cambiar de bosque, la cual, es el precio más alto que el boleto de avión o autobús.

Migrar en estas condiciones es un acto de desmembramiento emocional, es tener que soltar las manos de tus padres, tus hermanos, tus amigos del alma, es mirar a los ojos a quienes amas y prometerles que es "por un futuro mejor", mientras por dentro te preguntas cuándo volverás a sentir sus abrazos.

​Dejas atrás no solo personas, sino pedazos de tu identidad: dejas tu taza de café favorita, la esquina donde siempre te encontrabas con tus amigas, el trabajo que, aunque tal vez no era para ti, te daba un sentido de pertenencia. Empacar una vida entera en dos maletas de 23 kilos es uno de los actos de desapego más brutales que existen.

​Migrar en sí es un acto de valentía suprema, lanzarse a un bosque desconocido, oscuro y ajeno, llevando como única certeza la pequeña chispa que guardas en el pecho.

​Llegas a tierras nuevas donde tu título universitario quizás no vale nada, donde tu idioma suena extraño, donde eres "la de afuera". Te toca reinventarte, empezar de cero, hacer trabajos que nunca imaginaste, tragarte el orgullo y, muchas veces, las lágrimas de la soledad.

​Pero aquí está la verdad fundamental de las luciérnagas: nuestra luz no depende de la geografía sino de su capacidad de seguir brillando.

​A ti, que tuviste que irte para poder ser, a ti, que extrañas el olor de tu tierra cada mañana, a ti, que estás construyendo un nuevo nido con ramas ajenas: te honro; tu partida no fue un abandono; fue un acto de amor propio radical; fue la decisión de no dejar que tu potencial se ahogara.

​Estás lejos, sí. Te duele, sí. Pero sigues brillando y, en este nuevo bosque, no estás sola. Somos muchas las luciérnagas migrantes que entendemos tu vuelo. Sigue adelante, que tu sacrificio valga la pena. Tu luz es necesaria aquí, allá y en cualquier lugar en el que te encuentres.

#MellSLaure #TodasSomosLuciérnagas

EL VUELO FORZADO: Cuando Migrar es la Única Opción

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