"Todas Somos Luciérnagas"

    Mis queridas luciérnagas, hoy el viento sopla con fuerza y quizás trae recuerdos que duelen, en esta ocasión, hablaremos de esas piedras que nos han lanzado intentando romper nuestras alas. Vamos a ponerle nombre a una sombra que nos persigue, a veces en la escuela, a veces en la oficina, y lo más doloroso de todo es que a veces en nuestra propia mesa, con nuestra familia.

​Hablemos del acoso (bullying), de la crítica destructiva, de esas palabras afiladas que se disfrazan de "broma" o de "consejo" para intentar apagar nuestro brillo.

​Sabemos que el mundo puede ser hostil, pero cuando la hostilidad viene de tu propia sangre, de tu círculo de amigos o de tus colegas, la herida es doble. Nos enseñaron a protegernos de los habitantes del bosque, pero nadie nos dijo qué hacer cuando quien nos señala duerme en la rama de nuestro árbol.

​Esas burlas sobre tu cuerpo, tu forma de ser, tus sueños o tus errores o, a veces, por la información que ignoras, dejan una huella profunda en tu ser... Son como cicatrices en las alas que nos hacen dudar: "¿Será que tienen razón? ¿Será que mi luz es defectuosa?"

​Pero hoy quiero entregarte una verdad que te servirá de escudo por el resto de tu vida: las personas somos espejos. Cuando alguien te ataca con saña, no te está describiendo a ti; se está describiendo a sí mismo/a. La crítica cruel nunca habla de la persona a quien va dirigida, realmente habla de la pobreza humana de quien la emite.

​Piénsalo un segundo. Una luciérnaga feliz, ocupada en su vuelo y plena con su propia luz, no tiene tiempo ni ganas de ir a apagar a otra.

Quien necesita humillarte para sentirse superior o para hacerte sentir humillada, en realidad, te está gritando su propia inseguridad y miseria; quien necesita burlarse de tu apariencia está confesando su propio miedo a no ser suficiente o a ser lo que tú representas.

​El bully, el acosador/a, la que critica ferozmente, es, en el fondo, un ser profundamente pobre de espíritu, incapaz de gestionar sus propios demonios y, por eso, intenta proyectarlos en ti.

​Entonces, ¿cómo hacemos para que no nos afecte? ¿Cómo sanamos? En primer lugar, reconoce que el regalo no es tuyo: Imagina que alguien viene con una caja llena de basura (sus insultos, sus burlas, sus juicios). Si tú no aceptas la caja, ¿de quién sigue siendo la basura? ¡De ellos! No aceptes esas palabras como tu verdad. No recibas esa caja porque no es tuya.

​Aplica la compasión, obviamente desde lejos, entiende que esa persona sufre, su oscuridad es tan grande que se le desborda y con sus acciones la deja en evidencia y más que claro, no es feliz y su corazón está tan lleno de basura que tuvo que poner alguna de esa basura en la caja que te regaló  pero que tú ya no aceptaste. Míralos con compasión, pero pon un límite firme.

“Comprender el dolor no significa que permitiremos que nos salpiquen de su miseria.”. ​Fortalece tu Inmunidad Emocional: Tu valor no es negociable ni democrático. No está a votación de tu familia ni de tus compañeros. Tu luz es un hecho biológico y divino. Repítete a diario: "Lo que tú opinas de mí, no cambia quién soy yo".

​Mis valientes luciérnagas, las heridas sanan, las cicatrices se vuelven mapas de resiliencia, no permitas que la amargura de otros te convierta en alguien que no eres.

​La mejor respuesta, la venganza más elegante y la sanación más profunda, es ser inmensamente feliz, es volar tan alto, tan libre y tan brillante que sus piedras no puedan alcanzarte.

​Deja que se queden abajo, peleando con sus espejos rotos. Mientras tú, te elevas tan alto, que haces que el cielo del bosque parezca que tiene una nueva estrella.

#MellSLaure #TodasSomosLuciérnagas

ESPEJOS ROTOS

“Las Heridas del Bullying”

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