"Todas Somos Luciérnagas"

    Mis queridas luciérnagas, hoy quiero que dejemos de aletear tan deprisa. Hoy vamos a posarnos suavemente en las ramas más antiguas y fuertes de nuestro bosque para hablar de ellas y ellos: las luciérnagas de luz dorada. Nuestros adultos mayores, los abuelos, las abuelas, los sabios de la casa.

​Vivimos en un bosque que a veces gira demasiado rápido, obsesionado con la juventud, la velocidad y la productividad constante. Y en esa prisa ciega, estamos cometiendo uno de los errores más crueles y tristes: olvidar a quienes nos enseñaron a volar.

​Es desgarrador ver cómo, en muchas familias, a estas luces sabias se les relega a los rincones más oscuros. Escuchamos frases que cortan como cristal roto: "ya estás viejo", "no entiendes", "ya no sirves para nada". Se les abandona en el silencio de una habitación o en el rincón de una sala, tratándolos como si su ciclo hubiera terminado solo porque sus alas están cansadas.

​¿En qué momento nos volvimos tan soberbios o soberbias como para creer que la lentitud es sinónimo de inutilidad? Despreciar a un adulto mayor es escupir a nuestras propias raíces. Es olvidar de dónde venimos.

​Detente un momento y mira esa luz parpadeante y suave de tu abuelo, de tu madre mayor, de esa anciana que camina por tu calle. Esa luz no es débil; es una luz que lo ha dado todo.

​Ellos fueron los que quemaron su energía para iluminar los caminos más oscuros cuando nosotros (o nuestros padres) éramos apenas unas pequeñas chispas asustadas. Entregaron su juventud, sus horas de sueño, su fuerza física y sus propios sueños para asegurarse de que nuestro nido fuera cálido y seguro. Nos cuidaron con una ternura infinita, nos alimentaron, nos sostuvieron la mano cuando dábamos nuestros primeros pasos en este mundo.

​Si hoy tienes alas fuertes para cruzar el cielo, es porque una luciérnaga mayor voló a tu lado hasta quedarse sin aliento para enseñarte cómo hacerlo.

​La luz de nuestros adultos mayores no se está apagando; se ha transformado. Ya no es una luz para deslumbrar; es una luz para guiar. Es sabiduría pura concentrada.

​En sus arrugas están dibujados los mapas de supervivencia de nuestro linaje. En sus historias repetidas (sí, esas que a veces no tienes paciencia para escuchar) están las canciones más antiguas de nuestro bosque, los consejos que ninguna escuela te va a enseñar y el amor más incondicional que vas a conocer.

​Luciérnaga, hoy te invito a hacer conciencia. Acércate a esa luz dorada. Tómate un café con ellos, siéntate a su lado, sostén sus manos cansadas. Dales las gracias. Escúchalos con el alma y devuélveles un poquito de la inmensa ternura que ellos invirtieron en ti.

​Que nunca sientan que sobran. Que sientan que su luz sigue siendo lo más importante de nuestro hogar. Porque honrar a nuestros ancianos es la forma más hermosa de honrar nuestra propia existencia.

#MellSLaure #TodasSomosLuciérnagas

La Luz Dorada del Bosque “Honrando a Nuestras Luciérnagas Sabias”

¡Sígueme en mis redes sociales!

Como: @MellSLaure

Copyright © todos los derechos reservados