"Todas Somos Luciérnagas"

    Mis queridas luciérnagas, hoy nuestro bosque se ilumina con una luz protectora. Una luz cálida, de esas que abrigan y dan paz. Hoy quiero hablarles a ustedes: las luciérnagas madres. A ti, que un día decidiste pausar tu vuelo para acunar a unas pequeñas luces que apenas estaban descubriendo el mundo.

​Hablemos de ese amor inmenso, pero también de ese sacrificio silencioso del que poco se habla en voz alta.

​Convertirse en madre es un milagro, pero también implica un duelo: es poner tu vida personal en pausa, guardar en un cajón, al menos por un tiempo, tu profesión, tus hobbies de los fines de semana, tus horas de sueño intactas y esos sueños individuales que te hacían vibrar.

​De repente, tu agenda, tu cuerpo y tu energía ya no te pertenecen al cien por ciento. Todo se vuelca en asegurarte de que esas pequeñas chispitas tengan el mejor comienzo posible, que ningún viento apague su brillo incipiente. Es el acto de entrega más extraordinario que existe, pero a veces, en medio de esa entrega total, te miras al espejo y te preguntas: "¿Dónde quedó la mujer que yo era antes de ser mamá?"

​Sabemos que el cuidado físico es demandante. Las noches en vela, los brazos cansados de cargar, el correr todo el día. También conocemos el desgaste mental: esa carga invisible de tener que recordar las citas médicas, qué falta en la nevera, las tareas de la escuela y las vacunas.

​Pero hoy quiero que nos detengamos en el cuidado más importante y el más olvidado de todos: el cuidado emocional.

​Porque puedes dormir tus ocho horas un día, puedes delegar una tarea, pero si emocionalmente te sientes vacía, invisible o consumida por la culpa constante de "¿lo estaré haciendo bien?", tu luz comienza a parpadear. El cansancio emocional es sentir que vives solo para servir a otros, olvidando nutrir tu propio espíritu.

​Aquí hay una verdad fundamental en nuestro bosque, mi querida luciérnaga: no puedes iluminar el camino de nadie si tu propia bombilla está fundida.

​Nos han hecho creer que la "buena madre" es la que se sacrifica hasta desaparecer. ¡Mentira! El acto de amor más grande que puedes hacer por tus pequeñas luces es mostrarles a una madre feliz, plena y que se ama a sí misma.

​Cuidar tu salud emocional no es un lujo, no es egoísmo; es tu responsabilidad primaria. Necesitas espacios que sean solo tuyos. Necesitas retomar ese libro, ese café con una amiga, ese proyecto profesional que dejaste a medias. Necesitas perdonarte cuando pierdes la paciencia y abrazarte con la misma ternura con la que abrazas a tus hijos.

​A ti, mamá luciérnaga: gracias por tu luz protectora. Pero recuerda que tus alas siguen intactas. Tus sueños no caducaron el día que nacieron tus hijos; solo te están esperando.

​Retoma tu vuelo. Quizás ahora vuelas a un ritmo distinto, quizás con compañía, pero no dejes de brillar por ti y para ti. Porque la mejor manera de enseñarles a tus pequeñas luces cómo iluminar el mundo es viéndote a ti brillar con toda tu fuerza.

#MellSLaure #TodasSomosLuciérnagas

MADRES LUCIÉRNAGAS “Cuidar tu Luz para Iluminar su Camino”

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